jueves, 5 de enero de 2012

La Familia


La familia: Una proclamación para el mundo


La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Nosotros, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, solemnemente proclamamos que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos.

Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos. El ser hombre o mujer es una característica esencial de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida premortal, mortal y eterna.

En la vida premortal, los hijos y las hijas espirituales de Dios lo conocieron y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por el cual obtendrían un cuerpo físico y ganarían experiencias terrenales para progresar hacia la perfección y finalmente cumplir su destino divino como herederos de la vida eterna. El plan divino de felicidad permite que las relaciones familiares se perpetúen más allá del sepulcro. Las ordenanzas y los convenios sagrados disponibles en los santos templos permiten que las personas regresen a la presencia de Dios y que las familias sean unidas eternamente.

El primer mandamiento que Dios les dio a Adán y a Eva tenía que ver con el potencial que, como esposo y esposa, tenían de ser padres. Declaramos que el mandamiento que Dios dio a Sus hijos de multiplicarse y henchir la tierra permanece inalterable. También declaramos que Dios ha mandado que los sagrados poderes de la procreación se deben utilizar sólo entre el hombre y la mujer legítimamente casados, como esposo y esposa.

Declaramos que la forma por medio de la cual se crea la vida mortal fue establecida por decreto divino. Afirmamos la santidad de la vida y su importancia en el plan eterno de Dios.

El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos. "He aquí, herencia de Jehová son los hijos" (Salmos 127:3) Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amarse y a servirse el uno al otro, de guardar los mandamientos de Dios y de ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan. Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones.

La familia es ordenada por Dios. El matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para Su plan eterno. Los hijos tienen el derecho de nacer dentro de los lazos del matrimonio, y de ser criados por un padre y una madre que honran sus promesas matrimoniales con fidelidad completa. Hay más posibilidades de lograr la felicidad en la vida familiar cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo. Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y mantienen sobre los principios de la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y las actividades recreativas edificantes. Por designio divino, el padre debe presidir sobre la familia con amor y rectitud y tiene la responsabilidad de protegerla y de proveerle las cosas necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente. Las incapacidades físicas, la muerte u otras circunstancias pueden requerir una adaptación individual. Otros familiares deben ayudar cuando sea necesario.

Advertimos a las personas que violan los convenios de castidad, que abusan de su cónyuge o de sus hijos, o que no cumplen con sus responsabilidades familiares, que un día deberán responder ante Dios. Aún más, advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre el individuo, las comunidades y las naciones las calamidades predichas por los profetas antiguos y modernos.

Hacemos un llamado a los ciudadanos responsables y a los representantes de los gobiernos de todo el mundo a fin de que ayuden a promover medidas destinadas a fortalecer la familia y mantenerla como base fundamental de la sociedad.

El presidente Gordon B.Hinckley leyó esta proclamación como parte de su mensaje en la Reunión General de la Sociedad de Socorro, el 23 de septiembre de 1995, en Salt Lake City, Utah, E.U.A.


La familia cumple con 2 de los propósitos de la existencia del hombre sobre la tierra:

· Ser ligados a un compañero o compañera por esta vida y por todas las eternidades, por uno que tenga la autoridad del Señor mediante el santo sacerdocio, pues, como dice 1 COR 11:11, “ni el varón sin la mujer, ni la mujer sin el varón, en el Señor”. Porque sin esta ordenanza selladora del matrimonio, no se puede obtener el grado más alto de la gloria celestial (Doc. y Conv. 131:1-4), “siendo esta gloria la plenitud y continuación de las simientes para siempre jamás (Doc. Y Conv. 132:19)

· Tener hijos, porque “he aquí, heredad de Jehová son los hijos: cosa de estima es el fruto del vientre… Bienaventurado el hombre que hinchió su aljaba de ellos (Sal. 127: 3-5)

FAMILIA: En las Escrituras, el término familia se refiere al marido, la mujer y los hijos, y a veces a otros familiares que vivan en la misma casa o bajo la dirección del cabeza de familia. Una familia también puede componerse de uno solo de los padres y sus hijos, de marido y mujer sin hijos, o incluso de una persona que viva sola.

“El ser parte de una familia es una gran bendición

Bendición: Conferir sobre una persona un favor divino. Todo lo que contribuya a la verdadera felicidad, al bienestar o a la prosperidad es una bendición.

Todas las bendiciones se basan en leyes eternas. Dios desea que sus hijos encuentren gozo en la vida, por lo que les da bendiciones como resultado de la obediencia de éstos a sus mandamientos, como respuesta a una oración u ordenanza del sacerdocio, o por la gracia de Él.

Ser parte significa que conforma esa familia y que ayuda a funcionar, juntos, como un todo. Así como nuestros órganos son “parte” del cuerpo por separado, juntos logran que funcionemos, nos movamos y vivamos, lo cual a su vez es una gran bendición de Dios que nos dio la posibilidad de tenerlo. Así es también la familia, cada miembro que la compone es una parte que sumada a los otros miembros logran pasar por los desafíos y gozos de la vida funcionando como un todo.

Así como el cuerpo se debilita si un órgano o un miembro tienen dificultades o se pierde, así también la familia se resiente cuando un integrante pasa por tribulaciones y no vuelve a funcionar bien si ese miembro no se recupera.

Cuando una lesión afecta la integridad de las paredes de los vasos sanguíneos, se ponen en marcha una serie de mecanismos que tienden a limitar la pérdida de sangre. Uno de estos mecanismos es la coagulación normal de la sangre la cual interviene en la detención de hemorragias pues cierra los vasos abiertos de modo que no se puedan abrir naturalmente y evita que el organismo se desangre. De la misma manera si un miembro de la familia no está o se aleja del evangelio la familia se resiente y cuando puede hacer algo por ese miembro para ayudarlo centra todas sus fuerzas para hacerlo tal como la sangre se coagula.

En otras ocasiones se sufre la tan dolorosa pérdida de un integrante y luego de asumir la partida con el alma dolorida se debe continuar funcionando, ya no estará completo pero se puede seguir funcionando bien, a semejanza del cuerpo cuando se pierde un miembro o falla un órgano y se debe pasar por el proceso de asumir la ausencia lo mejor posible y con limitaciones mas no imposibles.

“Tu familia te puede proporcionar compañía y felicidad(a); te puede ayudar a aprender principios (b) correctos en un ambiente de cariño (c) y a prepararte para la vida eterna (d)

(a)Como siempre se dice: en los buenos y en los malos momentos siempre tu familia estará a tu lado.

(b) Principio: Doctrina, verdad o ley básica, como la fe en el Señor Jesucristo y el arrepentimiento.

El Señor dice: (D y C 101:78) “Que todo hombre pueda obrar en doctrina y principio, de acuerdo con el albedrío moral que yo le he dado”

Por lo tanto los principios correctos que recibamos, dependerá de nosotros si los aplicamos o no, si lo hacemos podemos fortalecer a nuestra familia, si no la podemos debilitar, por lo tanto tenemos una gran responsabilidad sobre nuestros hombros.

(c) Fundamental, como lo hizo Jesucristo en su ministerio terrenal.

(d) Vida Eterna: Vivir para siempre como familias en la presencia de Dios. La vida eterna es el mayor de los dones que Dios da al hombre.

¿Se imaginan hermanos lo que sería perder todo vínculo con nuestras familias luego de todo lo vivido a causa de la muerte física?

¿Qué justicia habría?

¿Cuántas preguntas teníamos muchos de nosotros antes de conocer el evangelio restaurado del Señor?

Pero nuestro padre Celestial es un Dios de justicia y por su gracia y misericordia tenemos la certeza de esa vida eterna como familias si nos esforzamos y progresamos en este tiempo de probación.

“No todas las familias son iguales, pero cada una de ellas es importante en el plan de nuestro Padre Celestial”

Así como cada persona cumple un oficio en esta tierra así también son las familias en el plan del Padre, tanto los trabajos de menor remuneración económica como los de mayor son de importancia en esta sociedad y la falta de uno sería una carencia fundamental.

Por todo ello amemos a nuestras familias y progresemos juntos. Hagamos lo que esté de nuestra parte para crear un ambiente feliz en el hogar, seamos alegres, serviciales y considerados para con los demás. Muchos de los problemas que surgen en el hogar resultan porque los miembros de la familia dicen palabras hirientes y actúan de manera egoísta; ocupémonos de las necesidades de los demás miembros de la familia; tratemos de ser pacificadores en vez de fastidiar, pelear y discutir.

No hay hogar más dulce y agradable para estar que en el que abundan la paz y el amor, es un verdadero refugio en el cual hallar descanso del mundo y en donde puede morar el Santo Espíritu.

“Tengamos presente que la familia es la unidad (a) más sagrada (b) de la iglesia”

(a) Unidad: ser uno en pensamiento, deseo y propósito, primero con nuestro Padre Celestial y Jesucristo, y después con los demás miembros de la iglesia.

“Si no sois uno, no sois míos” (D y C 38:27)

(b) Sagrado: Puro moral y espiritualmente.

Debemos como iglesia ser ejemplo en unidad y para conseguirla debemos ser humildes, saber pedir perdón y perdonar, amarnos unos a otros y apoyarnos en todo momento.

“Debemos demostrar amor (a) y respeto (b) por nuestros padres y ser obedientes a fin de honrarles (c)

(a) Amor: profundo afecto y devoción.

Devoción: entrega total y dedicación.

(b) Respeto: es la consideración de que alguien o incluso algo tiene un valor por sí mismo y se establece como reciprocidad.

(c) Honrar: en las escrituras, por regla general, se emplean estos términos con el objeto de indicar respeto y reverencia hacia alguien o algo.

“Honra a tu padre y a tu madre” (Ex 20:12; 1 Nef. 17:55; Mos. 13: 20)

Si aparece en varias escrituras ¿debiéramos tomarlo a la ligera?

“Estén dispuestos a ayudar en el hogar con las tareas que se tengan que llevar a cabo; participen en actividades y tradiciones familiares, como por ejemplo la oración familiar, las noches de hogar para la familia y la lectura de las escrituras en familia. Esas tradiciones fortalecen y unen a las familias. Y debemos tomar en cuenta como prioridad esto, ser fuertes y unidos, cimentados sobre la roca que es Cristo. Den un buen ejemplo a los demás miembros de su familia.

Fortalezcan las relaciones con sus hermanos y hermanas en casa, ellos pueden llegar a ser sus mejores amigos. Apóyenlos y ayúdenlos en las dificultades y necesidades que puedan tener.

“Hijos, obedeces a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo.

Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa, para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Ef. 6:1-3)

Es mi ruego que se fortalezcan en familia, que cooperen cada uno con su granito de arena para ello, que sean unidos y que consideren a la iglesia que somos nosotros como su familia. Así cumpliremos también con toda justicia y podremos ser dignos del Reino Celestial junto a nuestro Padre Celestial, su hijo Jesucristo nuestro Señor, el Santo Espíritu y junto a quienes amamos.

En el nombre de Jesucristo

Amén.

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